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Entrevista a Eva Lara, ilustradora y cosplayer

  • Foto del escritor: Pau Hernández
    Pau Hernández
  • 16 ene 2023
  • 11 Min. de lectura

Actualizado: 17 ene 2023

Eva Lara: "En la comunidad friki hay mucho machismo envuelto como feminismo"



Eva Lara, también conocida como Hiya, es el ejemplo de una artista multifacética que ha sabido adaptarse a todo aquello que hoy en día requiere dedicarse a una profesión que es cada vez más exigente. Procedente de Andalucía y residente en Barcelona, se ha convertido en ilustradora, concept artist, character art designer y cosplayer. Además, cuenta con doce años de experiencia en el mundo de los videojuegos.


Desde Freakultura entrevistamos en exclusiva a Eva Lara sobre cuestiones relacionadas con su experiencia profesional desde sus diferentes facetas artísticas, la realidad que vive como mujer dentro de la comunidad friki y las dificultades a las que se enfrentan los artistas en la actualidad.


¿Cómo empezaste a dibujar y cuándo supiste que querías ser ilustradora?

Mi hermana mayor siempre dibujaba, y, cuando yo tenía tres o cuatro años, solíamos hacer competiciones de dibujo. Desde entonces, lo asumí como una parte básica de mi lenguaje, como escribir. Después, tanto a mí como a mi hermana gemela, que también dibuja, nos empezaron a decir que lo hacíamos muy bien. Ahí es cuando me di cuenta de que, además, me apasionaba y quería vivir de ello. Cuando ya tenía diez años, empecé a pensar que quizá me iría mejor en el diseño gráfico, porque lo otro era una fantasía. Por aquel entonces, me gustaban mucho el cómic y la ilustración y, a partir de ahí, empecé a hacer mis pinitos en revistas de manga y anime, como la Minami o la Dokan, que ahora muy poca gente recuerda. En ese punto, tenía claro que mi futuro estaría dedicado al dibujo. Incluso mis padres me decían que lo que mejor se me daba eran las artes, por lo que fui muy en serio con ello y no me planteé otras opciones. Aunque es cierto que también me gustan la estética o la psicología, eran algo menor, no tan innato como el dibujo. Antes, vivir del arte era muy difícil, sobre todo en un pueblo pequeño de Andalucía de siete mil habitantes, por lo que supe que tenía que salir de allí y conocer a otros profesionales que me enseñasen cómo vivir de ello y cómo crecer.


¿Qué referencias has tenido para desarrollar tu arte?

Considero que mi estilo es una mezcla de muchos concepts, estilos e ilustraciones, aunque no podría decir a qué autor me parezco más. Absorbo todo lo que me gusta y lo intento incorporar a lo que es más propio de mí. Crecí con el manga y el anime y me encantaban series como "Dragon Ball", "Sailor Moon" o "Ranma", y lo agrupaba todo en mi arte. Es más, los primeros cómics que hice eran de "Magical Girls". Luego, me interesé por series más modernas como "Cardcaptor Sakura". Después, también empezaron a gustarme mucho los videojuegos. Si observas mi portafolio, se ve que no tengo un estilo fijo, porque lo voy modulando.


¿Cómo fue tu entrada en la industria de los videojuegos?

La verdad es que fue un poco extraña. Cuando vine a Barcelona, tras la universidad, estaba desesperada por encontrar trabajo. Por entonces tenía Deviantart, y este tipo de páginas de portafolios. En una página web estaban buscando ilustradora, y les mandé mi currículum y mi portafolio. Se trataba de una empresa indie que en ese momento estaba empezando a ir más en serio, aunque ya llevaban un tiempo con la página web. Me llamaron y me quedé durante tres años. Ahí fue cuando empecé a tener más disciplina de trabajo, ya que, aunque fuese una empresa indie, se lo tomaban muy en serio, y había que trabajar muy intensamente. Cuando empecé, daba lo máximo de mí. Ahora me cuesta mucho más llegar a ese nivel de rendimiento. Desde entonces, fui encadenando un trabajo con otro. En el momento en el que tienes algún trabajo en el currículum, es más fácil conseguir otros. Considero que también tuve un poco de suerte, porque otras personas quizá habrían tenido que buscar un poco más que yo.


¿Cómo fue tu introducción en el mundo del cosplay?

Siempre me han gustado mucho la ilustración y los cómics. En este tipo de imágenes, los personajes tienen mucha importancia. Antes era muy friki, y ahora lo soy todavía, pero mucho más moderada. Vivía mucho las historias y me sentía esos personajes.

En Barcelona fue la primera vez que estuve en un salón del manga tan grande. En Granada había algunos, pero eran más austeros y era raro encontrar a alguien disfrazado. Los pocos disfraces que había no estaban muy bien trabajados, y parecía más bien carnaval. Aquí, en Barcelona, empecé a ver a gente que se lo tomaba en serio, que tenía su propio portafolio y se hacía fotos de mucha calidad. Me encantó. Suponía llevar a los personajes al mundo real y sentir que tú eras ese personaje. Cuando vine a Barcelona, era muy vergonzosa y tenía una autoestima muy baja. Con el cosplay, podía ser otra persona, y eso me ayudó mucho a poder abrirme y descubrir quién era realmente yo. El cosplay agrupa muchas cosas que hacen que te vayas conociendo a ti mismo.

Luego, reúnes tus otras habilidades, como la ilustración o rolear, y al final lo acabas pasando muy bien. La gratificación que sientes en los eventos es muy grande, igual que con la ilustración. La diferencia es que, en el caso del cosplay, lo vives mucho y hay una comunidad muy grande que también lo hace. Desde entonces, a pesar de que suponía un gasto, cuando iba a los salones y los eventos siempre me hacía un cosplay.

Cuando tenía entre 27 y 28 años, me junté con un grupo de gente que se lo tomaba muy en serio y me contagiaron la idea de ir más allá. Mucha gente empezó a hacerse su página web y sus propias fotos, y yo hice lo mismo. Nunca había pensado en llevarlo a ese nivel, pero recibí tantos comentarios positivos que decidí intentarlo. Además, estaba muy quemada en el mundo de la ilustración y necesitaba una vía de escape. Al final se ha convertido en parte de mí.


¿Cuál fue tu primer cosplay y cómo te sentiste cuando lo llevaste?

Hay uno que no me lo tomo como el primero, pero realmente lo fue: en Granada hice de Amane Misa, pero era un cosplay terrible. Me acuerdo de que ese día salí a la calle con mucha vergüenza, pero, cuando vi a toda la gente disfrazada, me sentí parte del grupo. Recuerdo que una chica me gritó desde lo lejos, llamándome Amane Misa. Me hizo mucha ilusión que me reconociese, aunque no me parecía en nada al personaje. No tengo ninguna foto de ese día por toda la vergüenza que sentía.


¿Los cosplays te los haces tú, los compras o combinas una cosa con la otra?

Separo los personajes que no me importan demasiado y el cosplay está muy bien de precio de aquellos que me encantan y quiero hacerlos yo. En vez de gastarme 200 euros en un cosplay de mala calidad, me lo hago yo. Pienso de forma equilibrada. Por ejemplo, con un personaje como Chainsaw Man, que es muy sencillo y el cosplay es muy barato, creo que no merece la pena hacérselo, a no ser que vayas a un concurso donde el requisito sea habértelo hecho tú. Sin embargo, cuando el cosplay es para sesiones de fotos u otros tipos de contenido, no le veo sentido. Hago a mano principalmente los personajes que me gustan mucho y los que creo que solo podría hacerlos así, o bien porque no los encuentro o porque no me quiero gastar una fortuna y creo que, si los hago a mano, me van a quedar mucho mejor.


Teniendo en cuenta el éxito que tiene la cuenta de Instagram donde subes fotos de tus cosplays, ¿crees que en algún momento podrías vivir solo de ello?

No. En Instagram puedes tener 300.000 seguidores y no vivir de ello. Una cosa es la popularidad y otra el dinero que ganas y el tipo de contenido que creas. Si haces un contenido de viajes y tienes muchos seguidores, hay hoteles y agencias de viajes que te contratan, pero, si haces promoción de algo más difícil de encontrar, como lentillas o pelucas, no vas a vivir de ello. Sin embargo, con una cuenta de viajes va a ser más difícil que crezcas, mientras que con una cuenta de pelucas será más sencillo, porque generarás contenido más fácilmente.

Luego, hay que tener en cuenta la sobresaturación del mercado. Hay millones de chicas que hacen cosplay y, con el maquillaje y los filtros, todas se vuelven guapas. Entonces, la cuestión es cómo hacerte más llamativa frente a otra. Lo que tienes que hacer es un contenido que no haga la gente corriente, que requiere mucho más esfuerzo. También, tienes que buscar usuarios que sean fieles a tu contenido y que valoren tu trabajo aunque cambies de registro, lo cual es muy complicado. Cuando tienes Patreon, muy poca gente da dinero, y la mayoría de la gente que paga lo hace por contenido sexual, lo cual para mí es casi prostitución. En ese punto, ya no estás haciendo cosplay, lo estás usando como reclamo para vender contenido erótico. Mucha gente no quiere aceptar esta realidad porque quiere vivir de ello a toda costa, pero pienso que están desvirtuando lo que realmente quieren y eso conlleva unas consecuencias.

Por otra parte, tienes que ser consciente del mundo en el que te mueves. En España hay muy pocos eventos sobre este tema, y no suelen pagar mucho a no ser que seas una persona muy famosa. Los que más ganan son los que hacen contenido que no es fácil de ver y se destacan porque son únicos. Al final, lo más importante es ser muy sociable y tener proveedores, pero depende del sexo y de aquello en lo que te estás moviendo. Llevo muchos años en el cosplay, y no hay mucha gente que pague bien. Quizá en algún momento España evoluciona y empieza a considerar el cosplay un trabajo, pero creo que aún quedan bastantes años.


¿Tienes un cosplay favorito entre todos los que has llevado?

Ahora mismo el que más me gusta es el de Jinx, pero estuve mucho tiempo haciendo de Daenerys Targaryen para diferentes eventos. Independientemente de que me parezca o no a ella o hiciese el cosplay bien o mal, le tengo mucho cariño a ese personaje. Con Jinx, ahora me tengo que mirar bien el presupuesto, si me sale a cuenta y estar pendiente de no cansar al público. Si bien hay gente cuyo contenido es solo de un personaje, en mi caso no quiero ser reconocida solo por uno, ya que también quiero vender edición de foto. Hago un poco de todo e intento amoldarme a lo nuevo que sale.


Entonces, al margen de tu gusto particular por el personaje, ¿los eliges también por lo que se lleva en el momento?

Sí y no. Algunos personajes simplemente me encantan a pesar de que no se lleven. Por ejemplo, quiero hacer de Pulgarcita, y mucha gente no la conoce, pero yo le tengo mucho cariño por la nostalgia. Claramente, si se trata de un personaje que es popular en el momento, tampoco voy a ser necia. Lo que intento evitar siempre son personajes que no conozca; no me gusta ser poser. Si elijo un personaje es porque me siento identificada con él de algún modo o me parezco físicamente y sé que puedo interpretarlo, pero siempre tiene que estar unido a que me guste. Si un personaje no me gusta, por mucho que la gente me diga que me parezco a él físicamente, no lo haré.


¿Hay algún cosplay que tengas pensado hacer próximamente?

Muchos. Ahora he conocido a una persona que sabe hacer props y estoy muy ilusionada de hacer cosas con él. En el 2023 espero hacer cosas aún más elevadas de las que he hecho y consolidarme como algo más profesional. Tengo muy metido en la cabeza que quiero hacer armaduras. Suelo poner mis cosplans en mi Instagram, pero hay alguno que me callo. Me gusta el factor sorpresa. Además, buscaré la forma de conseguir dinero vendiendo prints o calendarios para poder subvencionarme, porque se me va todo el sueldo en ello.


¿El hecho de ser mujer en una comunidad como la friki te condiciona de alguna manera? ¿Es realmente una comunidad tan abierta como parece?

La mayor dificultad que me encuentro es que hay mucho machismo envuelto como feminismo. A las chicas se nos exige ser sexis, guapas, sociables y simpáticas; dar lo máximo de ti, pero sin nada a cambio; ser siempre simpática con todos los desconocidos, aunque a veces te falten al respeto; no puedes tener tus propias opiniones y tienen que ser lo más genéricas posible; y nunca envolverte en ningún tipo de opinión ajena.

Además, me ha ocurrido que he retuiteado a una persona y me han venido a decir que es antitrans y que no la comparta, cuando yo ni siquiera sabía qué posicionamiento político o forma de pensar tenía. Al final, acabas diciéndote que no vas a compartir a nadie más. También, sucede que alguien te envía fotos suyas subidas de tono y tienes que ir bloqueando cuentas. Asimismo, hay gente que piensa que, solo por hacerte fotos, tienes un ego terrible y te encanta que te tiren los trastos. Suponen que eres sexualmente activa y, aparte, si tienes pareja, eres una persona poliamorosa. Luego, si dices que eres asexual y tienes una pareja monógama, directamente te empiezan a dejar de seguir. Al final ves que no puedes dar nunca tu opinión sobre nada, porque siempre habrá alguien que se moleste o que busque la forma de ofenderte, ya que a las mujeres nos lo cuestionan todo e incluso nos tratan de ilusas.

También, está la cuestión de la competencia y la obligación de que solo vas a ganar dinero si vendes tu cuerpo mediante webcam o fotos eróticas. Encima, si no lo haces, te insultan, y las chicas que lo hacen te dicen que no estás siendo empoderada. A mí me empodera que la gente me diga que hago bien mi trabajo y sentir que soy yo misma, no mostrarme como mi madre me ha parido. Para mí el feminismo debe ser igualdad entre hombres y mujeres, no manipulación constante hacia la mujer para que se prostituya. Habrá gente que lo hace por gusto, pero no me creo que todo el mundo lo haga por eso, sino por necesidad y para ganar dinero para pagarse sus cosplays y sus pelucas. Creo que deberían elegir otra profesión, porque, cuando tengan 30 años, ¿qué currículum van a tener? Cuando te haces vieja, en el mundo machista en el que vivimos, estarás usada. Todo el mundo, incluso yo, ha cometido el error de pensar que, si te haces una foto sexy, vas a conseguir dinero, pero, al cabo de poco tiempo, ya te están pidiendo la webcam, o te sale el sugar diciéndote que te mantendrá a cambio de que le hagas de prostituta. En el momento en el que el hombre es el demandante y haces cualquier cosa por conseguir el dinero, ya no es feminismo.


¿Crees que los artistas estáis lo suficientemente valorados? ¿La situación ha mejorado con el tiempo?

Antes había muchos prejuicios. Actualmente, hay empresas que piden tener influencers dentro, pero siguen teniendo miedo, porque si esa persona no está contenta con la filosofía de la empresa o ha tenido algún problema dentro, temen que hable mal de ellas. Todavía les cuesta, pero están empezando a verlo como algo más natural. Por ejemplo, hay empresas que contratan cosplayers para hacer anuncios o mover redes sobre un personaje. En septiembre, me contrató una empresa indie que estaba promocionando su juego y, como aún no había salido, nadie conocía el personaje. Se hace más en el extranjero que en España, pero sucede. El problema es que el proceso va muy lento, y tienes que encontrar empresas de mentalidad abierta. Los conservadores creen que todo es ego y que es una afición tonta. Quizá dentro de cinco años la cosa esté mejor, pero tiene que haber una renovación de mentalidad. Cuando voy al Salón del Manga, lo que más me gusta es ver a los cosplayers, y tienen que entender que eso da mucha publicidad.


¿Crees que las redes sociales son esenciales para cualquier artista?

Es algo muy cruel y triste. Puedo comprender que el miedo de una editorial, por ejemplo, en el caso de los escritores, es no tener comunidad, pero, al margen de las redes sociales, siempre puedes tener un blog u otra herramienta. Creo que, si tienes una buena idea, deberían apostar por ella, aunque sea a bajo coste. Además, tu objetivo puede ser escribir, pero las redes sociales te van a obligar a que sepas editar, que entiendas de marketing para saber cuándo tienes que subir tu contenido y ahora, con los reels, que sepas hacer minivídeos. Luego, encima, los seguidores que conseguirás serán muy pocos, lo cual te obligará a socializar con otra gente del estilo para que te pase parte de su comunidad. También, si es posible, tendrás hablar con gente de fuera de ese círculo para que también te promocione. Al final es mucho trabajo para lo que realmente quieres, que es crear. Uno de los mayores problemas en el mundo de la creación de arte es que la gente está muy estresada, porque le estás pidiendo que haga millones de cosas. No se puede crear en el estrés. Lo que muchos hacen es separar los trabajos; por ejemplo, con una persona que les lleve las redes sociales. Antes, para hacerte llamativo, tenías que apuntarte a concursos, acceder a las editoriales y quizá en tres años tenías algo, mientras que ahora tienes que esperar el doble. Es todo cada vez más difícil.











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